Meditación de Perdón (Diseñada por Aurora)

Actualizado: abr 27

El Perdón


MEDITACION PARA CULTIVAR EL PERDON

Empezamos por encontrar una postura cómoda. Relajados y tranquilos. Antes de empezar con esta meditación hay que recordar que el corazón tiene su propio ritmo. A medida que practiquemos esta meditación notaremos que no todas las veces que la hagamos tendrá el mismo efecto en nosotros.


Aunque el perdón no puede forzarse es posible que inclinemos nuestra mente hacia el perdón, familiarizándonos con esta actitud interna que libera la mente y el corazón. Es posible ir liberándonos poco a poco de los resentimientos. Es importante recordar que el perdón no significa ni cerrar los ojos ni dejar impune las acciones dañinas. Tampoco el perdón nos exige buscar reconciliación con la persona que sentimos que nos ha dañado.


El perdón es más bien un movimiento del corazón, es la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de auto-sanarnos. Reconociendo el dolor y decidiendo soltarlo. Rehusando vivir con un corazón endurecido con la amargura y el resentimiento. En el fondo el perdón es una declaración de libertad.


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Respiramos profundamente tres veces. Notando que con cada una de ellas nos vamos tranquilizando y focalizamos nuestra atención en el momento presente. Seguimos respirando a nuestro propio ritmo, sin forzar. Notamos como el aire entra y sale de nuestro cuerpo.


Llevamos nuestra atención hacia el centro del pecho, notando las sensaciones que surjan cuando el aire entra y sale de nuestro cuerpo. Intentamos sentir el centro del corazón, esa zona suave en el centro del pecho, que tiene la capacidad sentir emociones, como el amor o la tristeza.

Tratamos de imaginar que inhalamos y exhalamos desde ese centro mismo, desde el corazón.


Tomamos conciencia de lo que sentimos en ese momento, justo en el centro de nuestro pecho. Intentamos ver si hay alguna sensación de tensión o por el contrario hay suavidad, sensibilidad, buena disposición. Quizás notemos que la zona está adormecida o en blanco, no lo juzguemos, aceptémoslo sin mas. Seguimos notando nuestra respiración en el centro del corazón percibiendo cualquier barrera que este presente y que llevemos soportando mucho tiempo porque aún no nos hemos perdonado a nosotros mismos, o a alguna otra persona.


Ahora mientras respiramos suavemente nos permitimos recordar alguna forma u ocasión en la hayamos herido a otras personas. Es recomendable comenzar por pequeñas cosas que traigamos a nuestra mente con amabilidad y ecuanimidad y de ese mismo modo permitámonos estar presentes con el dolor que podamos haber causado por nuestros propios temores o confusiones. Permitámonos sentir la pena o el remordimiento que pueda surgir al hacer esto.


Sosteniendo ese dolor, tanto el nuestro como el de la otra persona con la mayor ternura que podamos veamos si existe la posibilidad de liberarnos de este peso pidiendo perdón. Tomémonos el tiempo que necesitemos para evocar cada recuerdo, cada situación que aun pesa en nuestro corazón y nuestra conciencia.


Y a medida que aparezca la persona a la que hemos herido en nuestra mente repetimos con amabilidad la siguiente frase, en el silencio de nuestra mente:


Por cualquier forma en la que te he hecho daño te pido perdón, sinceramente, te pido perdón


Por cualquier forma en la que te he hecho daño te pido perdón, sinceramente, te pido perdón


Permitámonos recordar y sentir el miedo, el dolor, la confusión, o la ira que nos llevó a hacer daño a esta persona y en silencio volvemos a pedir perdón

Mirando con los ojos del corazón observemos que estas actitudes hirientes estaban motivadas por nuestras propias necesidades insatisfechas, quizás nuestra necesidad de ser querido o respetado, o la necesidad de seguridad o paz.


Notemos como el hecho de herir a otros o ser heridos por otros nos hace parte de esta gran familia humana. Todos los seres humanos, de vez en cuando, actuamos por debajo de nuestros propios ideales. Sin claridad sobre cuales son nuestras verdaderas necesidades y como satisfacerlas. Esta experiencia es parte de nuestra humanidad compartida.


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Y ahora volvamos a conectar con nuestro propio cuerpo y con la respiración en el centro de nuestro pecho. Sintamos la respiración que nos conecta con todo lo que existe y notemos el milagro vivo de nuestro cuerpo, de nuestro corazón, de nuestra mente.


Ahora traemos a nuestra mente alguna de las distintas formas en las que nos hemos hecho daño a nosotros mismos. Muchas veces somos los causantes de nuestros propios sufrimientos, nos auto-saboteamos, ya sea a través de duras autocríticas, o comiendo en exceso o causándonos dolor físico o psicológico. Intentemos de una forma amable y honesta recordar alguna de esas veces en las que nos hemos inflingido sufrimiento.


Sintamos el pesar que hemos estado acarreando y contemplemos la posibilidad de hacer desaparecer este peso y aliviar nuestra carga. Ofrezcámonos perdón por cada herida que nos hayamos causado, una a una, y digamos en el silencio de tu mente:


Por todas las maneras en que me herido a mismo desde mi propio miedo, dolor y confusión, me ofrezco perdón, de corazón


Por todas las maneras en que me herido a mismo desde mi propio miedo, dolor y confusión, me ofrezco perdón, de corazón


Me perdono, me perdono.


Ofrécete a ti mismo el regalo de perdón.


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Ahora mientras respiramos suavemente nos permitimos recordar alguna forma u ocasión en la nos hayan herido otras personas. Es recomendable comenzar por pequeñas cosas que traigamos a nuestra mente con amabilidad y ecuanimidad y de ese mismo modo permitámonos estar presentes con el dolor que podamos haber sentido.


Tomamos el tiempo que necesitemos para evocar cada recuerdo, cada situación que aun pesa en nuestro corazón, en la que hemos sido heridos y si nos es posible seamos conscientes que esas personas nos han herido por su miedo, su dolor, su confusión, su ignorancia o su ceguera.


Ahora notemos que podemos soltar esta carga de dolor al ofrecer perdón gradualmente al ritmo en que nuestro corazón se sienta listo, permitiendo que las imágenes y sentimientos surjan naturalmente y abrazándolas con nuestra amabilidad y empatía.


Si lo deseas puedes repetir en tu propia mente:


He cargado con este dolor en mi corazón por suficiente tiempo tanto como puedo en este instante te ofrezco perdón


He cargado con este dolor en mi corazón por suficiente tiempo tanto como puedo en este instante te ofrezco perdón


Recuerda que el perdón no justifica ni minimiza el daño. Si la acción no hubiese sido negativa no requeriría perdón. También puedes perdonar en este momento y luego volver al no perdón si es que lo necesitas. O quizás encuentres capas más profundas de tristeza y rabia esperando a ser sentidas reconocidas y abrazadas con atención plena.


El verdadero perdón nos invita a sentir plenamente el dolor y la herida y precisamente el acto de sentirlo es lo que permite soltarlo y seguir adelante con la vida


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Para finalizar trae de vuelta tus sensaciones en el centro de tu corazón, a medida que respiras infundiendo amabilidad en cada inhalación y paz en cada exhalación. Inhalando amabilidad exhalando paz.


Concluye tu practica reconociendo tu propio valor y coraje para cultivar un corazón mas abierto. Que los beneficios de esta meditación se reflejen en tu vida y en quienes te rodean.





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