Compasión y autocompasión

La palabra compasión deriva de las raíces latinas y griegas patiri y pashkein (sufrir) y de la raíz latina com (“con”), de manera que compasión significa “sufrir con” otra persona. El diccionario de la RAE define compasión como “sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias”. La compasión posee dos elementos clave: (1) el emocionarse por el sufrimiento y (2) el deseo de aliviarlo. Hay otros conceptos que nos son familiares y que se solapan con el de compasión, como empatía, simpatía, amor, altruismo y lástima

La compasión es poner amor donde hay dolor, por eso es nuestra naturaleza más profunda, y surge de nuestra interconexión con todas las cosas. Lo que pensamos repetidamente conforma nuestro mundo. Desde la compasión, sustituimos los pensamientos dañinos por pensamientos sanos. En el corazón pacífico nace el amor. Cuando el amor encuentra el sufrimiento, se convierte en compasión.

Cuando una persona crece en libertad y se embarca en un trabajo interior sincero, su camino se va dirigiendo a la bondad, a la compasión y al amor.

“Compasión significa pasión por todo. Esa compasión tiene una propia inteligencia, enorme e ilimitada. Cuando hay amor, hay belleza. El amor y la compasión con su inteligencia son la verdad eterna. Cuando existe ese inmenso sentido de compasión, cuando uno ha puesto fin al sufrimiento, entonces “lo que es” es la verdad.”

J. Krishnamurti

“La compasión por los demás comienza con la bondad hacia uno mismo.”

Pema Chodron

La autocompasión es darnos a nosotros mismos el mismo cuidado, consuelo y serenidad que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos cuando están sufriendo, cuando fracasan o cuando se sienten inadecuados.

La compasión es un acto que nos moviliza ante el sufrimiento, propio o ajeno, lleva la intención de ayudar y alentar, se es consciente de la realidad del momento y de la realidad del sufrimiento, sin creaciones mentales que hagan aumentar o disminuir ese dolor de forma fantasiosa o infantil, y también se reconoce que eso que duele es algo humano y que no solamente me sucede a mi porque toda la humanidad en algún momento sufre, y además hay otras personas que sufren por cosas parecidas a las mías.

La autocompasión va unidad al sentimiento de que no estoy solo ante el dolor, se que alguien en alguna parte, a veces demasiado cerca si me atrevo a compartir mi malestar, me puede comprender y apoyar porque esta persona ya conoció ese dolor al igual que yo.

El camino que conduce a la autocompasión pasa por los múltiples aspectos de mi experiencia, desde un buen trato y cuidado de mi cuerpo, atendiendo también mis pensamientos y emociones, así como el cultivo de unas relaciones sanas, y acercarnos a una sincera espiritualidad, que en palabras del sabio Leonardo Boff significa “toda actitud y actividad que favorece la expansión de la vida, la relación consciente, la comunión abierta, la subjetividad profunda y la trascendencia como modo de ser, siempre dispuesto a nuevas experiencias y a nuevos conocimientos.”

La compasión nos alivia incluso cuando no podemos cambiar nuestras circunstancias vitales. Fluye de manera natural cuando alguien a quien amamos sufre (compasión de uno a otro) y podemos también proporcionárnosla a nosotros mismos (compasión hacia uno mismo). La autocompasión es de especial importancia porque, como adultos que somos, hace mucho tiempo que dejamos de tener una persona que cuide de nosotros, que sepa lo que sentimos en cualquier momento y que nos ayude.

La autocompasión no es ningún lujo, es más bien una necesidad y una responsabilidad, cuanto mejor me trate a mi mismo mejor haré para con los demás, más plena será mi vida, más comprensivo me volveré, mayor capacidad para superar mis propios errores y otras dificultades. Se ha comprobado que las personas autocompasivas no pierden el tiempo fustigándose cuando han cometido errores o algo no ha salido bien del todo, tienen una gran capacidad de volver a centrarse y orientarse en sus objetivos y su sentido de vida, de esta forma son mucho más eficientes en sus tareas y en la consecución de sus logros. Las personas autocompasivas no abandonan su autocuidado, no dejan de lado su dieta aunque alguna vez puedan saltarse las recomendaciones, no vuelven a fumar porque algún día en una fiesta fumen un cigarrillo, en definitiva puede ser amables y amorosos hacia sí mismos aunque hayan tenido un desliz, esto es lo que le lleva a superar las dificultades y continuar con el camino que se han propuesto.

Las personas autocompasivas no postergan y mi invitación es a que no postergues tu propio auto-amor, empieza hoy mismo y ya no te olvides de ti.


Si quieres que otros sean felices practica la compasión; y si quieres ser feliz tú, practica la compasión.

Tenzin Gyatso, el 14 Dalai Lama (2009).

Encontraras meditaciones para el cultivo de la compasión en el apartado de clases


https://www.eltaoesvida.com/meditación

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